Friday, October 12, 2007

La esencia del toreo


La esencia del toreo es torear. Ortega y Gasset puso el acento en el dominio de los terrenos para poder definir la tarea de torear. Y claro, se equivocó por limitado.
Torear es ejecutar un rito donde la verdad es la protagonista. Es rito por interpelar a sentidos más complejos que lo meramente fisiológicos y verdad porque se vive o se muere sin impostura.
El toreo casi nunca tiene nada que ver con el arte. Lo espectacular, lo circense o incluso lo deportivo acompañan más al torero y al toro que lo artístico. Y el público además no protesta. Pero cuidado, no debe asustarse si una extraña tarde en una plaza de toros sale a su encuentro el sentido poético. Un hombre con unos engaños endebles frente a una auténtica fiera, no sólo no huye sino que intenta desvelar otra verdad con mayores sugerencias que la realidad aparente de las cosas.
El oficio del hombre es vivir. La muerte no puede ser el fin de ninguna actividad humana. El hombre es un fin en sí mismo y no se acaba con la muerte.
Se equivoca quien quiere elevar su arte en el ruedo a expensas de su propia muerte o quien así lo exige.
El torero tiene las mismas oportunidades de alcanzar en su tarea lo heroico que cualquier hombre en la suya propia. La actitud heroica del hombre no entiende de mitos, que sólo surgen desde la creatividad y no desde una posición vital acertada. La búsqueda de la inmortalidad a través de la configuración del mito es tan frecuente como equivocada, ya que es ajena a lo humano.
A Joselito no le convirtió en mito su muerte en los ruedos, como así creyó el pobre Belmonte, sino lo que se escribió sobre ella.
Manolete tuvo que sufrir en aquel fatídico 1947 durísimas críticas por los mismos que tras su muerte construyeron loas de alabanza. Su muerte fue tan triste como la de cualquier hombre. Su toreo fue su vida, su muerte no fue su triunfo.
Ignacio Sánchez Mejías no quiso morir en Manzanares. No fue más héroe por reaparecer y ser aún más temerario. Su transfiguración poética en mito, fue fruto de todo le que le debían unos poetas muertos de hambre que conformaron la generación del 27, pero que escribían como los ángeles.
Paquirri no frecuentó los ambientes literarios pero toreó como los toreros machos. Nos quedamos con el hombre tras su muerte, pero no hubo versos para conocer el mito.
Y ahora digo, no te equivoques José Tomás, que no hay toreo sin vida y mito sin rimas. Los versos son siempre pasado y el toreo necesita de la actualidad del presente. El hombre necesita la vida y el mito sólo el papel.

1 comment:

maría said...

Me parece precioso ese final diciendo que el hombre necesita la vida. Bonito texto.